viernes, 1 de junio de 2012

La Balada del Anciano Marinero

  El origen de los zombies se reconoce históricamente en el relato de H. P. Lovecraft, Herber West: Reanimator, escrito en 1922, al devolverle el protagonista la vida a un muerto que torna monstruoso. Frankenstein es anterior, de 1818; podría considerársele un zombie, pero estrictamente no lo es. En cambio en La Balada del Anciano Marinero, de Samuel T. Coleridge, del año 1798, sí que aparecen zombies, según los entendemos, aunque aquí no son  peligrosos.
  La tripulación del barco había sido abatida por la Mujer-Espectro, culpada de haber secundado la muerte del albatros a cargo del anciano marinero, ave que consideraron maldita, después de que al principio la reputaran de buen agüero. Luego, para poder maniobrar la nave a la deriva, la sagrada Madre insufló espíritus angélicos en los cuerpos, de manera que cobraron movimiento, y así pudieron gobernar el barco y dirigirlo al puerto de partida. Una vez logrado, los espíritus angélicos se esfumaron, amontonándose los cuerpos otra vez sobre cubierta.
  La acción de estos zombies había sido favorecer el rumbo del barco. Es decir, había sido buena. Por supuesto, no eran dueños de sus actos, los espíritus angélicos dictaban sus movimientos. No eran zombies destructivos. No han inspirado películas de cine como el cuento de Lovecraft. Pero si hay que establecer un origen, me da que este es más justo.
  Por otro lado la consideración del albatros como ave de buen o mal agüero, según en el primer caso su intención fuera guiarles entre la niebla o en el segundo impedir que la niebla se disipase, habría que dirimirla mejor según sus características identificativas, esto es, si era un albatros de cabeza gris, de ceja negra, de manto blanco, de corona blanca, etc., sobre lo cual el poema no da pistas. 




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