jueves, 15 de noviembre de 2012

Divas guitarristas

Quizás si Ana Vidovic hubiese entonado alguna canción como Put de blame on me o Moon River habría sido también una diva hollywoodiense como Rita Hayworth o Audrey Hepburn.







miércoles, 31 de octubre de 2012

Cyrano de Bergerac y David Russell

  Entre estos dos personajes hay un rasgo característico que destaca por encima de otros y es el talento que demuestran en sus respectivas artes: uno poéticas, otro musicales. La fealdad de la nariz es irrelevante y anecdótica.






 

Hibridos de cebra común y de Grevy

  Solo en cautividad se lobran hibridar cebras comunes y de Grevy, ya que si bien en las llanuras del sudeste africano pueden hallarse manadas mixtas, generalmente no se interrelacionan. Las diferencias entre unas y otras son conocidas (tamaño del cráneo, redondez de orejas, densidad de rayas...), pero sobre todo hay una recientemente descubierta y es: mientras en la cebra común se puede considerar el dibujo de rayas blancas sobre la piel negra, en las de Grevy son rayas negras sobre la piel blanca (parece que antecedentes evolutivos lo demuestran, así como el examen minucioso de los fetos, donde aún no han aparecido las rayas y sí un tizne negro o blanco, según). El resultado de la hibridación en cautividad es una cebra que, relativo a este rasgo característico, presenta la mitad del cuerpo negro con rayas blancas y la otra mitad blanco con rayas negras. A expensas del resultado final es indistinto. Pero es así










jueves, 25 de octubre de 2012

Las aventuras de Alfanhuí



  Tom Sawyer, personaje creado por el escritor americano Mark Twain, ha cobrado más fama internacional que Alfanhuí, personaje del escritor español Rafael Sánchez Ferlosio. Las obras respectivas son de reconocida calidad, las andanzas de cada cual son bastante venturosas y dignas de una infancia emocionante que contrasta con la insipidez del mundo de los adultos. Quizás a Alfanhuí le faltó un inseparable colega como Huckleberry Finn. Don Zana fue lo más parecido. Pero era una marioneta a la que acabó haciendo añicos.


  






martes, 16 de octubre de 2012

María Antonieta & Sons.



Hasta los ocho años de matrimonio con Luis XVI no concibió su primer hijo, la niña María Teresa, nacida en diciembre de 1778. En octubre de 1781 nació el delfín Luis José Javier Francisco (más adelante vendrán Luis Carlos y Sofía Beatriz). A tenor de los devaneos de ella y cinco años sin resultados desde que se coronaran reyes de Francia y fuera menester aplicarse en la cama para traer descendencia, es más que probable que los hijos fueran de otro. El gallardo seductor conde sueco Hans Axel de Fersen la conoció en 1779 y se ausenta en 1780. Regresa a Versalles en 1783. No parece probable (no cuadran las fechas). Sin embargo su cuñado el conde de Artois resulta bastante fértil a tenor de los hijos que empiezan a caer desde que contrae matrimonio con María Teresa de Saboya en 1773. Nace Luis Antonio en 1775, Sofía en 1776, Carlos Fernando en 1778, y María Teresa en 1783. Además las fechas cuadran, porque no andarían muy lejos un hermano de otro. Más me pega este como amante resultadista.






lunes, 17 de septiembre de 2012

Phil Lynott & Frank Zappa

Primer irlandés negro en tener éxito comercial en el hard rock. &. Norteamericano experimental y ecléctico que tuvo éxito sobre todo en Europa. Creo que nunca coincidieron sobre un escenario. Sin embargo me da a mí que eran primos hermanos.




miércoles, 8 de agosto de 2012

El buque fantasma

  La leyenda habla de un bergantín condenado a errar por los mares del sur, a partir de que el capitán, un holandés, se empeñara en doblar el Cabo de Buena Esperanza en el transcurso de una terrible tormenta.
  Las referencias literarias son variadas, empezando por la novela homónima del Capitán Marryat (1839), donde una expedición comandada por el hijo del capitán holandés sale a explorar los mares en busca de aquel buque.
  Heinrich Heine, en sus Memorias del señor Schnabelewopski (1833), le dedica un capítulo, y es esta versión la que toma Richard Wagner para su ópera. Si el buque topa otro barco, arrían un bote en el se acercan unos marinos con un saco de cartas para que las remitan a sus familiares, algunos de los cuales, después de tantos años, han fallecido, recibiéndolas sus descendientes. Además cada siete años puede atracar en un puerto y su capitán (el holandés errante) buscar el amor de una mujer que le sea fiel hasta la muerte. Si lo consigue, la maldición terminará.
  A diferencia de las anteriores, donde la tripulación se entiende que permanece viva, aun condenada a ese dilatado vagabundear, la referencia de Edgar Allan Poe, en su novela Las Aventuras de Arthur Gordon Pym (1837), es a un buque infestado de cadáveres, de los que van picoteando las gaviotas. Elude toda explicación a la maldición que le envuelve: “es inútil tratar de hacer conjeturas donde todo está rodeado, y seguramente lo seguirá estando siempre, del más insondable y pavoroso misterio”. El Grampus, buque en el que viaja el protagonista, lo deja proseguir a la deriva.
  Juan Benet aprecia en Joseph Conrad al más marinero de los escritores de novelas del mar (La inspiración y el estilo), y resalta su desprecio sibilino al recurso fácil de lo sobrenatural, cuyo efectismo seduce, pero cae muy lejos de una fascinación más ajustada y versátil. Aquello es más propio de poetas del mar que poco han navegado y conocen de sus verdaderos entresijos y vicisitudes.
  Joseph Conrad eludió las referencias al buque fantasma, pero me pregunto, de haberlo hecho, cómo las hubiera sacado a colación. Si al estilo de Heine o Wagner con esa románticona posibilidad de redención respecto de un sacrilegio un tanto desconcertante (el empeño en doblar el cabo de Buena Esperanza en el trascurso de una tormenta). O al estilo de Poe, con una aparición tétrica y pavorosa, en el camino hacia el espectáculo de otras y más apabullantes fabulosas estampas de los mares inexplorados.
  Quizás lo más verídico y fascinante hubiera sido cantar la hazaña del capitán holandés de doblar el Cabo de Buena Esperanza, a pesar de la terrible tormenta. Porque ya tuvo mérito, en aquel entonces.