Me pregunto si habré encontrado al fin el cuarto deseado, en
el sentido cuya búsqueda fue la aspiración del poeta malagueño José Moreno
Villa. Me gustaría pensar que solo le falta un detalle: un motor de propulsión
nuclear que me permita alcanzar la velocidad de escape y salir a orbitar
alrededor de la tierra.
lunes, 11 de febrero de 2013
martes, 22 de enero de 2013
Ornitóptero en Titán
El ornitóptero nunca ha
funcionado en la Tierra
por más que se haya perfeccionado desde que Francis Bacon alrededor del 1250, y
Leonardo Da Vinci alrededor del 1490, diseñaran sus modelos. Pero es posible
que funcione en algún otro planeta o satélite. Presumo un buen candidato el
satélite de Saturno, Titán, por sus características de poca gravedad y densa
atmósfera.
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| Ornitóptero de Leonardo da Vinci |
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| Imagen de Titán |
lunes, 14 de enero de 2013
Diágoras el Ateo
Diágoras de Melos se exilió en la isla de Pélope al declararse ateo. Son
variadas las anécdotas que suscriben esta postura suya, muy transgresora con
las creencias y costumbres griegas de entonces. Cicerón cuenta que un amigo le
planteó la cantidad de salvados que había habido en alta mar tras sufrir
severas tormentas gracias a la intercesión de los dioses al ser invocados y por
eso lo habían plasmado en pinturas votivas. Él contestó que los que no se
hubieron salvado ninguna oportunidad tuvieron de pintar. También cuenta que no
se mostró especialmente agradecido por haber sido rescatado por un bote durante
el naufragio de un barco en medio de una tormenta. Se preguntaba si no habrían
sido rescatados igualmente otros Diágoras en los otros botes.
Al cometer perjuro un enemigo suyo al declararse inocente ante los
dioses y así librarse de condena alguna, así como desvelar las corrupciones y
secretos de los rituales de Eleusis fue condenado a muerte. Entonces huyó a la
isla de Pélope en el año 411 a.C.
Entiendo que esta sería algo así como la tierra prometida de los ateos. Y sin
embargo Pélope era hijo de Tántalo, hijo de Zeus, y de Dione, madre de
Afrodita. Me da que aquí tampoco estaría a salvo del todo.
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| Diágoras |
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| Isla de Pélope |
viernes, 28 de diciembre de 2012
Drunker Shakespeare in love
De un Shakespeare
borracho califica Heinrich Heine (Memorias) al dramaturgo alemán Dietrich
Grabbe, uno de los más prolíficos, adelantados y relevantes del siglo XIX. En
vida sólo estrenó una obra, Don Juan y Fausto, escribiendo otras muchas
de carácter histórico y una, El conde
Theodor de Gothland, 1819-1822, que era declaración de guerra contra las
comedias sentimentales, en boga en aquel momento. Tomándolo como referencia,
Bertold Brech escribió a los veinte años Baal, cuyo protagonista es un poeta
que afronta distintos lances sexuales y comete un asesinato. La bebida agrió el
carácter de Grabbe o sencillamente lo resaltó, siendo ya de por sí brusco,
desenfrenado y antipático. Fracasó su matrimonio con Louise Clostermeier y
perdió el empleo como auditor de guerra en Detmold y la colaboración que
realizaba en el teatro Düsseldorf. Es posible que si hubiera conocido a una
musa tipo lady Viola de Lesspes, modernamente el director de cine John Philip
Madden habría rodado una película basada en ello, digamos un Drunker
Shakespeare in love.
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| Christian Dietrich Grabbe |
miércoles, 26 de diciembre de 2012
La caída mortal de Murillo
La cuestión no es si
Bartolomé Esteban Murillo se cayó en Cádiz o en Sevilla mientras pintaba Los desposorios místicos de Santa Catalina
para el retablo del convento de los capuchinos de Cádiz, lo cual en poco tiempo
le produjo la muerte, sino por qué no había un Plan de Seguridad de Obra donde
se contemplaran los Riesgos Laborales y sus mecanismos de prevención e
intervención. En tal caso el andamio sobre el que hubiera estado subido
cumpliría unos mínimos inexcusables en adición a otras medidas : la distancia
entre borriquetas no hubiera sido superior a 3,5 m, las cruces de San
Andrés hubieran estado a ambos lados, se hubieran usado anclajes adecuados,
apoyos sobre una base sólida y por supuesto una barandilla de seguridad tipo
sargento, barra intermedia y rodapié, zapatillas antideslizantes, casco de
seguridad, cinturón de seguridad clase A, tipo I, escalera de mano de un metro
por encima de la altura a salvar, red de funambulista, maroma flexible tipo
puenting, plan de evacuación, etc. etc. Por fortuna, su discípulo Francisco
Meneses Osorio sí cumplió la normativa y requisitos para abordar la pintura de
altura, gracias a lo cual pudo continuar y dar término al lienzo, sin que se
accidentase fatalmente.
| La caída mortal de Murillo. Manuel Cabral Aguado Bejarano (1827-1891) |
| Los desposorios de Santa Catalina |
jueves, 13 de diciembre de 2012
El final de Tannhäuser
A pesar de que debido a la ópera homónima de Wagner el final
del caballero y poeta Tannhäuser redima sus pecados después de haber sido
rechazado su arrepentimiento por el papa Urbano IV, lo cierto es que él
regresa al monte Hölselberg, junto a Venus, como lo cuenta el Mons Veneris de Heinrich
Kornmann (la más importante fuente bibliográfica sobre dicha leyenda) y lo
recoge Heinrich Heine en Los dioses en el exilio.
“De nuevo estaba en el monte
do habría de permanecer
hasta que en Juicio Final
Dios le hiciera comparecer.”
miércoles, 12 de diciembre de 2012
La muerte de Ricardo Reis.
Entre los más importantes heterónimos de Fernando Pessoa, el
único que dejó sin fecha de fallecimiento fue Ricardo Reis. Ya le dijeron una
vez que era una estupidez aquello de inventar vidas y tratarlas como si fueran
reales. Tenía algunas razones para ello: una que ni él mismo estaba seguro de
existir, así que quizás no fuera tan grande la diferencia; dos que a falta de
amigos que lo llenaran espiritualmente, allí estaban estos, surgidos de sí y
moldeados a la medida. A Álvaro Campos y
Alberto Caeiro les puso fecha de fallecimiento y en cambio a Ricardo
Reis, no. Es posible que fuera descuido o puede que a este (como amigo) lo
necesitara hasta sus últimos días de vida para intercambiar epístolas o diálogos
imaginarios. O sencillamente estaba escrito que le sobreviviera para que
llegara otro loco del estilo y le siguiera el juego cerrando el ciclo. Este fue
José Saramago, que escribió: El año de la muerte de Ricardo Reis.
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